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domingo, 10 de abril de 2011

Percy Jackson y El Carro Robado - Traducción Parte 3

Quiero comenzar a traducir otras cosas, pero primero he decidido terminar con este cuento. Me di cuenta, de qué el nombre para el dios griego "Phobos" es español, es "Fobos" (si, ya sé, recién ahora) por lo que de ahora en más escribiré Fobos. El cuento entero, cuando al final lo postee para descargar, también estará corregido. Aclaro esto para que no se confundan: Fobos, es el dios Phobos (perdón, perdón!)
La parte 3, para ustedes: 
Parte 3

     Ahora, debo contarles que tuve la mala suerte de encontrarme con un montón de monstruos, dioses y semidioses que no me gustaron, pero Fobos los superó a todos. Odio a los matones. Nunca estuve entre los chicos “populares” en el colegio y pasaba la mayor parte de mi tiempo encarando a tipos que venían a asustarme a mí y a mis amigos. Tan sólo la forma en que se rió de mí y la forma en que Clarisse se derrumbó apenas lo miró a los ojos… Quería darle una lección a este tal Fobos.
     Ayudé a Clarisse a ponerse de pie. Todavía tenía la cara empapada de sudor.
     - Ahora, ¿estás lista para recibir ayuda? –le pregunté.

*     *     *     *

     Tomamos el subte, estando alerta, buscando nuevos ataques, pero no sucedió nada. Mientras andábamos, Clarisse me habló sobre Fobos y Deimos.
     - Son dioses menores –dijo. – Fobos es temor. Deimos es terror. -
     - ¿Cuál es la diferencia?
     Frunció el entrecejo.
     - Deimos es más grande y feo, supongo. Es bueno enloqueciendo multitudes. Fobos es mas, personal. Él puede meterse dentro de tu mente.
     -  ¿De ahí deriva la palabra fobia?
     - Sí –se quejó.- Está muy orgulloso de ello. Todas esas fobias nombradas después de él. Idiota.
     - ¿Y porqué no querían que tú conducieras el carro?
     - Es una especie de ritual sólo para los hijos de Ares cuando cumplen quince años. Soy la primera mujer que lo hace en mucho tiempo.
     - Bien por vos.
     - Dile eso a Fobos y Deimos. Me odian. Debo llevar el carro de vuelta al templo.
     - ¿Dónde queda el templo?
     - En el muelle 86. El museo Intrepid*.

     - Ah –Tenía sentido, ahora que lo pensaba. Nunca había estado dentro del viejo portaaviones, pero sabía que se utilizaba como una especie de museo militar. Probablemente tenía pistolas y bombas, entre  otros cuantos juguetes peligrosos. Justo el tipo de lugar en el que a un dios de la guerra le gustaría estar.
     - Tenemos quizás cuatro horas antes de la puesta del sol –dije- Eso debería ser suficiente tiempo si podemos encontrar el carro.
     - ¿Pero a qué se refería Fobos con “sobre el agua”? ¡Estamos en una isla, por Zeus sagrado! ¡Podría estar en cualquier lugar!
     - Dijo algo sobre animales salvajes –recordé- Pequeños animales salvajes.
     - ¿Un zoológico?
     Asentí. Un zoológico sobre el agua podría ser el que estaba en Brooklyn, o tal vez… Algún lugar más difícil de llegar, con pequeños animalitos salvajes. Algún lugar en el que a nadie se le ocurriría buscar un carro de guerra.
     - La isla Staten –dije- Tienen un pequeño zoológico allí.
     - Puede ser –dijo Clarisse- Suena como el tipo de lugar en el que Fobos y Deimos esconderían algo. Pero si estamos equivocados…
     - No tenemos tiempo para estar equivocados.
     Salimos del tren en el Times Square y cogimos el autobús hacia el embarcadero.
     Nos subimos a bordo del barco de la isla Staten a las tres y media, junto con algunos turistas que se apiñaron en la cubierta superior, sacando fotos mientras pasábamos por la Estatua de la Libertad.
     - Él construyó eso usando a su madre como modelo –dije, mirando en torno a la estatua.
     Clarisse frunció el seño.
     - ¿Quién?
     - Bartholdi –dije-. El tipo que hizo la Estatua de la Libertad. Era un hijo de Atenea y la diseñó para que se viera como ella. Eso es lo que Annabeth me contó, de todos modos.
     Clarisse puso los ojos en blanco. Annabeth era mi mejor amiga y sabía mucho en cuanto a arquitectura y monumentos. Creo que lo que decía se me quedaba grabado algunas veces.
     - Inservible –dijo Clarisse- Si no te sirve para luchar, entonces es información inservible.
     Podría haberle discutido eso, pero justo en ese momento, el barco se tambaleó como si hubiera golpeado una roca. Los turistas chocaron entre sí, como si se fueran a caer. Clarisse y yo corrimos hacia la parte delantera del barco. El agua debajo de nosotros empezó a borbotear. Y entonces, la cabeza de una serpiente de mar emergió de la bahía.
     El monstruo era tan grande como el barco. Era de color gris y verde, con una cabeza de cocodrilo y unos dientes muy afilados. Olía a… bueno, a algo que acababa de salir de las tuberías de Nueva York. Montado en su cuello se encontraba un fornido joven vestido con una negra armadura griega. Su cara estaba cubierta de espantosas cicatrices y llevaba una lanza en su mano.
     - ¡Deimos! –gritó Clarisse.
     - ¡Hola, hermanita! –su sonrisa era casi tan escalofriante como la de la serpiente- ¿Quieres jugar?


domingo, 20 de marzo de 2011

Percy Jackson y El Carro Robado - Traducción Parte 2

Sé que tard'e mucho en traducir la segunda parte pero lo cierto es que, con los estudios no he podido encontrar tiempo para hacerlo. Espero que lo disfruten y dejen comentarios!

Parte 2

     Nos sentamos en un banco del parque mientras Clarisse me contaba su historia. No estaba preocupado por volver al colegio. La señorita White seguro pensaría que la enfermera me había mandado a casa y el sexto período era economía. Mr. Bell nunca tomaba asistencia.
     - A ver si entendí bien, –dije- tomaste prestado el auto de tu papá para dar una vuelta y ahora no sabes dónde está.
     - No es un auto -gruñó Clarisse- ¡Es un carro de guerra! Además, él me dijo que lo lleve a dar una vuelta. Es como una clase de… prueba. Se supone que lo llevaría de vuelta al anochecer pero…
     - Tus hermanos te robaron el auto
     - El carro –me corrigió- Ellos son sus conductores, sabes. Y no les gusta que alguien mas lo conduzca. Por eso me robaron el carro y me persiguieron con sus estúpidos pájaros arroja flechas.
    -¿Las mascotas de tu padre?
    Asintió miserablemente. – Son los guardianes de su templo. De todas formas, si no encuentro el carro…
     Estaba a punto de perderlo. No la culpaba para nada. Ya había visto a su padre, Ares, enojado y no era algo muy apetecible para ver. Si Clarisse le fallaba, él iba a ser duro con ella. Muy duro.
     - Te ayudaré –le dije.
     Frunció el entrecejo.- ¿Por qué lo harías? Ni siquiera soy tu amiga.
     No podía discutirle eso. Clarisse me había tratado mal un millón de veces pero aún así, no me agradaba la idea de que alguien, ni siquiera ella, fuera victima de la furia de Ares. Estaba pensando en como explicarle aquello cuando la voz de un joven dijo:
     - Aw, mira. ¡Creo que ha estado llorando!
     Un adolescente estaba recostado en la cabina de telefono. Iba con jeans desgastados, una remera negra con una chaqueta de cuero encima y una bandana por sobre el pelo. Había un cuchillo en su cinturón. Tenía los ojos del color del fuego.
     - Phobos –Clarisse cerró los puños- ¿Donde esta el carro, idiota?
     - Tu lo perdiste –Se burló- No me preguntes a mí.
     - Pedazo de…-Clarisse desenvainó su espada y se lanzó al ataque, pero él desapareció en el momento que ella le lanzaba una estocada y la hoja se clavó en el palo de la cabina del teléfono.
     Phobos reapareció en el banco, sentado al lado mío. Estaba riéndose a carcajadas, pero dejó de hacerlo cuando le apoyé la punta de  Contracorriente en su cuello.
     - Será mejor que regreses ese carro –le dije- Antes de que me enoje.
     Bufó e hizo una mueca, intentando verse rudo, o lo más rudo que puedes verte con una espada debajo de tu barbilla.
     - ¿Quién es tu novio, Clarisse? ¿Es que ahora necesitas ayuda para luchar tus propias peleas?
     - ¡Él no es mi novio! –Clarisse desclavó la espada del poste del teléfono- Ni siquiera es mi amigo. Ése es Percy Jackson.
     Algo cambió en las facciones de Phobos. Ahora se veía sorprendido, quizá un poco nervioso.
     - ¿El hijo de Poseidón? ¿El que hizo enfurecer a papá? Oh, esto es demasiado bueno Clarisse. ¿Estas saliendo con el enemigo?
     - ¡No estoy saliendo con él!
     Los ojos de Phobos comenzaron a brillar con un fulgor rojo. Clarisse lanzó un grito. Golpeó el aire con fuerza como si estuviera siendo atacada por moscas invisibles.
     - ¡Por favor, no!
     - ¿Qué le estas haciendo? –le exigí.
     Clarisse se tambaleó devuelta hacia la calle, rasgando el aire con su espada desesperadamente.
     - ¡Para! –le pedí a Phobos. Clavé mi espada un poco más en su garganta, pero él se limitó a desaparecer, reapareciendo al lado de la cabina del teléfono.
     - No te entusiasmes mucho, Jackson –dijo- Solo le muestro lo que ella más teme.
     El brillo desapareció de sus ojos.
     Clarisse se derrumbó, respirando con dificultad.
     - Oh tú… -jadeó- Ya… ya te agarraré.
     Phobos me miró- ¿Y que hay contigo Percy Jackson? ¿A qué le temes? Ya lo averiguaré, siempre lo hago.
     - Devuelve el carro robado –intenté controlar mi voz- Luché con tu padre una vez. Tú no me das miedo.
     Phobos soltó una carcajada.- Nada que temer pero al miedo en sí. ¿No es eso lo que dicen? Bueno, déjame contarte un pequeño secreto, mestizo. Yo soy el miedo. Si quieres recuperar el carro, ven a buscarlo. Está del otro lado del agua. Lo encontrarás dónde viven los pequeños animalitos, justo el tipo de lugar al que perteneces.
     Chasqueó los dedos y desapareció en una cortina de vapor amarillo.

domingo, 27 de febrero de 2011

Percy Jackson y El Carro Robado - Traducción Parte 1

Hey! Soy yo! El otro día se me ocurrió que nosotros, los hispanohablantes, siempre debemos esperar más tiempo para leer los libros que se publican en Estados Unidos o Inglaterra, por ejemplo. Algunos (como yo) sabemos inglés pero, la verdad es que es injusto que los que no saben, por una u otra razón, hablar ese idioma tengan que esperar meses para leer lo que que los lectores de otros países pueden leer mucho antes.
Por esa razón, decidí traducirles por partes uno de los cuentos que se cuentan en un libro llamado The Demigod files. Este corto libro está escrito por Rick Riordan (quién sino) y contiene tres cuentos llamados: Percy Jackson y el Carro Robado, Percy Jackson y el Dragón de Oro y Percy Jackson y la Espada de Hades. También incluye entrevistas con los personajes en dónde se deja ver la actitud de unos frente a otros (especialmente la relación de Percy con Annabeth). Mi intención es ir publicando en partes la historia de El Carro Robado. Como en la semana, estudio, no sé con exactitud cuan frecuentemente voy a poder publicar cada parte y les pido disculpas si tardo algunos días en poder traducir la siguiente parte.
Por favor, dejen comentarios y se aceptan las críticas constructivas para que pueda mejorar mi trabajo,y, si les gusta, llegar a publicar los otros cuentos. 
Bueno, aquí voy con la primera parte... Disfrútenla!

Parte 1
       Estaba en la quinta hora, en la clase de Ciencias cuando escuché ruidos extraños allá afuera. CLANK! OWCH! HIYA! HA! Sonaba como si alguien estuviera siendo atacado por gallinas poseídas y, créeme, hablo por experiencia propia.
    Nadie más parecía notar la conmoción. Estábamos en medio de un experimento, y todo el mundo hablaba, así que no me resultó difícil mirar por la ventana mientras simulaba lavar mi vaso de laboratorio.
    Efectivamente: había una chica en el callejón, con una espada desenvainada. Era alta, musculosa, al estilo de un jugador de básquet, con un pesado pelo de color marrón. Llevaba unos vaqueros y una chaqueta negra. Estaba lanzando mandobles a una bandada de pájaros negros del tamaño de cuervos. Tenía plumas pegadas a su ropa y un corte que le sangraba por encima de su ojo izquierdo. Un pájaro disparó una pluma como si fuera una flecha que se le clavó en el hombro. Ella maldijo por lo bajo y le lanzó un tajo pero el pájaro se alejó volando.
    Desgraciadamente, pude reconocer a la chica. Era Clarisse, mi antigua enemiga del Campamento Mestizo. Ella generalmente vivía en el campamento todo el año. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo en el colegio Upper East Side, a la mitad de un día de escuela, pero obviamente, se encontraba en un aprieto y no podría aguantar mucho tiempo más en ese estado.
    Hice lo único que podía hacer.
    - Señorita White -dije- ¿puedo ir al baño? Creo que voy a vomitar.
    ¿Viste cuando los profesores te dicen que la palabra mágica es “por favor”? Bueno, no es cierto. La palabra mágica es “vomitar”. Te hará salir de clase más rápido que cualquier otra cosa.
    - ¡Ve! -dijo la Srta. White. 
    Corrí por la puerta, quitándome las gafas protectoras, mis guantes y el delantal de laboratorio. Luego, saqué mi mejor arma - una lapicera llamada Contracorriente.
    Nadie me paró en los corredores y logré salir por la puerta del gimnasio. Llegué al callejón a tiempo de ver a Clarisse golpear a un pájaro demoníaco con la parte plana de su espada, cono si estuviera bateando con un palo de béisbol. El pájaro graznó y cayó en remolino, estrellándose contra una pared de ladrillos y deslizándose en un cubo de basura. Pero aún había cientos revoloteando en torno a ella.
    - ¡Clarisse! -grité.
    Me miró desconcertada.
   - ¿Percy? ¿Pero qué estás haciendo... -
   Se vio interrumpida por una lluvia de plumas-flechas que pasó rozándole la cabeza y se estrelló en la pared que tenía detrás.
   - Esta es mi escuela -le dije.
   - Mi buena suerte -rezongó, pero estaba demasiado ocupada peleando para continuar con sus quejas.
    Destapé a Contracorriente, que creció hasta convertirse en una espada de bronce celestial de tres pies de largo, y me uní a la lucha, lanzando tajos a los pájaros y desviando sus plumas con mi espada. Juntos, Clarisse y yo, lanzamos mandobles hasta que las aves quedaron reducidas a un montón de plumas en el suelo.
    Los dos acabamos jadeando. Me había hecho algunos cortes, pero nada serio. Arranqué una pluma que tenía clavada en mi brazo pero no se había hundido demasiado. Mientras que no estuviera envenenada, iba a estar bien. Rebusqué en mis bolsillos y extraje la bolsita con ambrosía, que siempre guardo en caso de emergencias. Partí un pedazo a la mitad y le ofrecí un poco a Clarisse.
    - No necesito tu ayuda -gruñó, pero igualmente tomó el pedazo de ambrosía.
    Nos tragamos algunos pedazos, pero no mucho puesto que la comida de los dioses puede reducirnos a cenizas si ingerimos demasiado. Creo que es por eso que no ves muchos dioses gordos. De todos modos, en pocos segundos, nuestros cortes y magulladuras habían desaparecido por completo.
    Clarisse envainó su espada y sacudió su chaqueta. - Bueno... te veo luego -.
    - ¡Espera! No puedes simplemente irte ahora como si no estuviera aquí -.
    - Sí que puedo.
    - ¿Que está pasando? ¿Por qué no estas en el campamento? y ¿por qué te perseguían todos esos pájaros? -.
    Clarisse me empujó, o trató de empujarme. Pero yo ya estaba acostumbrado a su comportamiento así que me corrí a un lado y ella se tropezó junto a mí.
    - Vamos -dije-, acabas de estar a punto de morir en mi escuela. Debería saber que está pasando.
    - ¡No, no deberías!
    - ¡Déjame ayudarte! 
    Inhaló débilmente. Tenía la sensación de que deseaba pegarme un puñetazo pero al mismo tiempo tenía una mirada de desesperación, como si de verdad estuviera en serios problemas.
    - Son mis hermanos, me están jugando una broma.
    - Ah -respondí, no muy sorprendido. Clarisse tenía muchos hermanos en el Campamento Mestizo. Los campistas de Ares suelen jugarse bromas unos a otros muy seguido-. ¿Cual de tus hermanos? ¿Sherman? ¿Mark?
    - No -dijo. Sonaba mucho más asustada de lo que jamás la había oído-. Mis hermanos inmortales, Phobos y Deimos.



Bueno, sé que es una parte corta pero les prometo que las demás serán mas largas. Pero la verdad es que no tiene sentido continuar traduciendo si a ustedes, mis lectores, no les gusta lo que escribo asi que si tienen una sugerencia, por favor les pido que dejen comentarios y a partir de ellos decidiré si continúo. Comenten por favor! ;)
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